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Opiniones de Expertos
| La Agresión |
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La agresión puede ser definida como un concepto que se refiere al aspecto motivacional de la conducta que trata de resolver la tensión por medio de una acción independiente sin importar cuál sea la fuente de tensión o cualquier cosa que represente esta fuente de tensión. Freud en sus primeras postulaciones teóricas sobre el tema (Tres Contribuciones a una Teoría Sexual, 1905) trató a los impulsos agresivos como un derivado de un impulso para manejar la sexualidad. Diez años después (Instintos y sus Vicisitudes) este impulso servía junto con otros a la auto-preservación, como parte de los impulsos del yo; los impulsos agresivos estaban entre sus constituyentes esenciales. Posteriormente en “Más Allá del Principio de Placer” Freud considera las manifestaciones agresivas dirigidas contra el mundo como “instintos de muerte”. El papel de la agresión ha sido examinado por Buxbaum (1970) y explica que ya sea que la agresión sea concebida como una reacción a las experiencias frustrantes o como un impulso instintivo innato, trabajamos con él como un impulso que puede ser manejado constructiva o destructivamente. La agresión puede ser modificada por el desarrollo de las relaciones humanas. Fundida con la libido puede ser controlada por el desarrollo del yo y el superyó. Sin riendas o sin modificar, la agresión es destructiva. La agresión que es esencial en todas las funciones mentales y físicas es citada de la siguiente manera por Lorenz (1971), “Los grandes instintos, la agresión y la sexualidad tienen una tendencia a ser activos y a mezclarse de manera que la agresión puede volverse sexualizada y la sexualidad tiene un toque de agresión”. Esto enfatiza la importancia de neutralizar la agresión en el proceso de aprendizaje, esto es en el desarrollo del yo. De acuerdo con Hartmann (l954) hay cuatro tipos de procesos que modifican el impacto de la agresión. Esta modificación es lograda por: 1) desplazamientos de la agresión a otros objetos; 2) restricción de las metas de los impulsos agresivos; 3) sublimación de la energía agresiva y 4) a través de las influencias de la libido; una de estas influencias opera como “fusión”. Estos procesos normalmente son interdependientes, en la observación clínica no siempre pueden separarse. En lo que se refiere a la agresión la descarga “completa” de la energía pone en peligro al objeto, mientras que con la descarga completa de la libido, por muy peligrosa que esta sea, no pone en peligro la existencia misma del objeto.El objeto decía Freud “es la cosa más variable de un impulso y no está originalmente conectado con él pero se anexa a este sólo a consecuencia de estar fijado peculiarmente para producir satisfacción” (1915). Freud postuló la idea de sublimación de la libido como una transformación de energía neutralizada que contribuye a las relaciones de objeto y a formar la estructura psíquica y tan pronto está formada, dicha energía está a la disposición del yo y superyó. La teoría psicoanalítica agrupa toda la gama de impulsos instintivos bajo dos grupos: sexo y agresión. Los que están incluidos bajo el sexo sirven a los propósitos de preservación, propagación y unificación de la vida; los incluidos bajo agresión sirven al objetivo opuesto de deshacer conexiones y destruir la vida: Anna Freud. Anna continúa “en las etapas muy tempranas la energía agresiva puede encontrar salidas en el propio cuerpo del niño, así como la energía sexual (libido) puede encontrar salida en las actividades auto-eróticas. En una etapa posterior la agresión normalmente será usada de nuevo de una manera auto-destructiva. Pero será investida en el superyó y dirigida contra el yo mismo, no contra el cuerpo. Posteriormente una de las nuevas teorías, la del Apego postula que la psicopatología se presenta debido a que una persona ha sufrido o sufre aún las consecuencias de los patrones afectados de apego, lo que lleva la persona a seguir un patrón desviado de desarrollo. La infancia, la niñez y la adolescencia son vistas como períodos sensitivos durante los cuales la conducta de apego se desarrolla de manera normal o desviada de acuerdo a la experiencia que el individuo tenga con las figuras de apego. En lo que se refiere al desarrollo de conducta agresiva, anti-social se ha descubierto que la psicopatología generalmente y la felonía en particular se ubican profundamente en historias tempranas de abandono, amenazas o padres violentos. Más aún, los psicópatas confirmados, tales como criminales, asesinos y otros violadores sistemáticos de las leyes sociales; delincuentes, en una palabra, normalmente cuentan con historias tempranas de actitudes parentales adversas y relaciones rotas y sobre todo amenazas de abandono de la madre como medidas disciplinarias. Estas acciones parecen despertar en el niño sentimientos mezclados de ansiedad y enojo porque por una parte el niño se enfurece ante la amenaza de abandono y por la otra no se atreve a expresar su ira por miedo a que el padre lleve la amenaza a la práctica. Por lo tanto, el niño desplaza ese enojo hacia los hermanos, padres, amigos, profesores, instituciones o aún a blancos más vulnerables; compañeros más débiles, parejas de ancianos, amigos, parientes, etc. Dentro de la agresión patológica, Peter Blos, (1960) realizó un estudio muy importante sobre la delincuencia infantil, la agresión y sus causas, en el que postula junto con otros psicoanalistas que “las diferencias entre la estructura psicológica del delincuente y el no-delincuente son de una naturaleza cuantitativa y no cualitativa” y a su manifestación la llama patología del yo. Blos comenta que la gratificación ansiosa de los padres y aún la anticipación a la gratificación de las necesidades instintivas de los niños parecen dar cuenta de los muchos casos de baja tolerancia a la frustración y dependencia que se observan en las clínicas infantiles, contribuyen además las campañas en los medios en los que hacen dudar a los padres de sus propio “know-how” intuitivo. Bajo tales condiciones el yo del niño está expuesto a estimulación insuficiente e inconsistente con el resultado de que su yo queda más o menos dañado de manera permanente; esto se puede ver en la malformación de las funciones inhibidoras y de postergamiento de la descarga del impulso. El impulso poderoso de descarga inmediata de tensión es típico del delincuente, y la edad en la que sube la tensión instintiva es la pubertad. En este momento el individuo vuelve a actuar su drama personal en la escala mayor de la sociedad, y es por supuesto en esta intersección que el stress de maduración hace aparente lo inadecuado de su yo. Para terminar quisiera mencionar que Anna Freud al referirse a la agresividad patológica en los niños comentaba que el factor patológico en estos casos no se debe encontrar en las tendencias agresivas mismas sino en la falta de fusión entre ellos y los impulsos eróticos. El factor patológico es encontrado dentro del desarrollo emocional, erótico que ha sido detenido debido a condiciones externas o internas adversas, tales como la ausencia de objetos amorosos, falta de respuesta emocional del medio ambiente del adulto, el rompimiento de los lazos emocionales tan pronto como se han formado, la deficiencia del desarrollo emocional por razones innatas. Debido a defectos del lado emocional, los impulsos agresivos no son fusionados y por lo tanto no han sido contenidos y parcialmente neutralizados sino que permanecen libres y buscan expresión en la vida de una forma pura, no adulterada como destructividad independiente. CONCLUSION Creo que es muy claro que a partir de Freud, de su hija Anna y posteriormente Peter Blos padre y otros distinguidos psicoanalistas interesados en la materia, aún cuando han habido contribuciones de cada uno de ellos que amplían la teoría inicial de Freud, coinciden en que el desamor, la ambivalencia en la educación de los niños, el abandono o aún la amenaza de este, los cada vez más comunes vínculos rotos entre los padres, los padres ausentes, el excesivo stress de los padres, entre otros, dan como resultado niños cuyas estructuras mentales son endebles, ya sea porque son inseguras, inmaduras o en el peor de los casos anti-sociales, y en este tipo de estructuras, una fuerte agresión está presente muy a menudo. Es también paradójico aparentemente, el hecho de que el exceso puede ser tan dañino como la carencia. Los pequeños que cuentan con padres ansiosos que se anticipan a sus deseos y los “bañan” literalmente de satisfactores, sin permitirles la menor frustración, no sólo obstruyen una maduración biológica normal sino que pueden causar un daño psíquico importante al niño. Esto último desafortunadamente se presenta cada vez más en la actualidad, sobre todo entre las clases medias y altas de nuestra población y podría ser un buen tema de una investigación formal. |

